La localidad y el Santuario de Santa Filomena
Cuando comenzó el poblamiento de la localidad, ésta era sólo un caserío de Jahuel. Sus habitantes eran llamados los capellanos por vivir cerca de la iglesia o capilla.
Santa Filomena se empezó a poblar hace más de 100 años y en su comienzo, la mayoría de sus habitantes vivía en la calle principal. Luego se fue poblando el sector interior conocido como El Llano.
Desde mediados del siglo XIX, la orden salesiana realizaba anualmente misiones al valle de Jahuel, donde se reunía por varios días a la comunidad para adoctrinarlos e impartir sacramentos. En una de las misiones llegó la imagen de Santa Filomena y la comunidad levantó una capilla en su honor, formándose a su alrededor un caserío y la fiesta religiosa más importante del sector conocido como Aconcagua Arriba. Se piensa que fue en 1850.
En 1898 se bendecía la iglesia dedicada a Santa Filomena. Se recuerda que era un bello templo de tres naves, con admirables pinturas, santería, vitrales y ornamentos religiosos.
Estuvo a cargo de la congregación Salesiana desde 1945 hasta 1970, se incendió en 1952 y luego fue declarado MN y restaurado. Fue declarada monumento nacional en la categoría de monumento histórico (por decreto del ministerio de educación del año 2009), para ello consideró su valor histórico, arquitectónico, simbólico y por el tipo de construcción.
Para los Jahuelinos, la fiesta de Santa Filomena (noviembre de cada año) era y es una oportunidad para demostrar su fe, siendo un evento masivo cada año.
El trabajo minero y la visita de Charles Darwin (libro Mi viaje alrededor del mundo)
Entre las actividades económicas desarrolladas en Jahuel, la minería era una de las más tradicionales. Desde antaño se explotaban las minas de cobre de Jahuel y varios piques del mismo metal en los cerros de Quilpué, Los Herrera, El Piuco, Las Cabras y El Zaino entre otros.
En su paso por Jahuel en 1834, el naturalista inglés Charles Darwin fue testigo del laboreo de las minas y las condiciones en que trabajaban los mineros, lo que testimonió en su libro “Mi viaje alrededor del mundo”:
“Llegamos por la noche a las minas de Jahuel, situadas en un barranco, en el flanco de una gran cadena, y allí permanezco cinco días. Las minas de Jahuel son de cobre y se envía todo el material a Swansea para fundirlo.
Los mineros trabajan mucho. Se les da muy poco tiempo para sus comidas y, lo mismo en invierno que en verano, se ponen al trabajo con el alba y no cesan sino al llegar la noche. Reciben veinte chelines por mes, además de la comida; para desayunar se les dan dieciséis higos y dos trocitos de pan; para almorzar, porotos con agua, y para cenar, trigo machacado con agua y tostado.
Casi nunca comen carne, porque con sus doce libras anuales han de vestirse y alimentar a su familia. Los mineros que trabajan en el interior de la mina reciben veinticinco chelines por mes y se les da, además, un poco de charqui, pero esos hombres no dejan el triste escenario de su trabajo sino una vez cada quince días o cada tres semanas.
Una considerable nevada en las montañas me impide, durante los dos últimos días de mi estancia allí, efectuar algunas interesantes excursiones. Trato de penetrar hasta un lago que los habitantes del país consideran como un “brazo de mar”, ignoro por qué causa… Ascendimos a una gran altura, pero nos perdimos en las nieves y no pudimos alcanzar tan asombroso lago.
Que placer experimenté durante mi estadía en aquel lugar, escalando esa inmensa montaña…hace un tiempo hermosísimo y la atmósfera es de una pureza extraordinaria”.
Actividades económicas en Jahuel:
El hotel Jahuel y la minería eran los pilares de la economía de Jahuel, ya que ocupaban bastante mano de obra. El grueso de la población campesina estaba constituido por peones e inquilinos que vivían en los fundos del valle, así como por pequeños propietarios que se dedicaban a la producción de aceitunas – las plantaciones de olivos más antiguas pueden tener más de tres siglos de antigüedad- frutas y hortalizas, que, junto a la crianza de ganado bovino, caprino, ovino y equino, aves de corral, venta de leña y producción de carbón, proporcionaban el sustento diario.
El ganado vacuno de los Jahuelinos era soltado a pastar libre en las vegas cordilleranas, por lo que se acostumbraba a hacer una vez al año los rodeos de animales, que duraban varios días y eran una auténtica fiesta campesina; los arrieros conducían a su ganado a los Corrales de la Laja o del Copín, allí procedían a las “apartadas”, es decir, separaban a los animales según sus dueños, los marcaban y castraban, apartando toros de novillos para la venta y finalizaban la faena con una gran celebración. Esta fiesta criolla continúa realizándose hasta nuestros días.
La Epidemia del cólera 1886-1887
Santa Filomena y sus alrededores tuvieron un brusco quiebre en su desarrollo cuando se despoblaron como consecuencia del cólera.
En la memoria de los lugareños quedó grabado el horror de esa epidemia; familias enteras murieron en el interior de sus casas, las que permanecieron abandonadas hasta que se derrumbaron.
Cuando terminó la epidemia y sanaron los convalecientes, las actividades comenzaron a normalizarse. Los esforzados lugareños continuaron con el cultivo de olivares y sus trabajos derivados, como la preparación de aceitunas y el aceite de oliva artesanal; el cultivo de higueras y tunales, la explotación de leña de los cerros y la preparación de carbón. Crianza de caprinos y la elaboración de quesos frescos, crianza de vacas lecheras para las familias y de caballos y asnos para trabajos.
Los Olivos en Jahuel
El árbol que identifica al valle de Jahuel es el olivo. Desde tiempos inmemoriales la zona ha estado marcada por este cultivo y por la producción de aceitunas y la producción de aceite artesanal, hasta nuestros días, en que se ha perfeccionado notablemente dicha producción, sin dejar su carácter artesanal.
Los olivos de Jahuel están entre los más antiguos de Chile y de Hispanoamérica. Esto último se explica porque durante el dominio español, en cierto momento, su cultivo fue prohibido en toda América y, como esta zona posibilitaba un paso fronterizo clandestino por ser difícil de vigilar, los olivos fueron subrepticiamente introducidos desde Argentina.
